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    Portada » Propuesta de Mónica García
    SELECCIÓN REI

    Propuesta de Mónica García

    Mónica GarcíaBy Mónica García8 de agosto de 2025Updated:8 de agosto de 2025No hay comentarios19 Mins Read
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    Cuando Helena entró en el salón, él ya estaba allí, oculto entre las sombras, preparado para hacer lo que debia, sin ningun titubeo comenzo a hablar.

    -Me alegra que hayas decidido venir, me complace saber que finalmente entendiste de qué lado debes estar. JA, JA, JA

    Río muy fuerte y me estremecí, esperando que él no lo notara. Fingí agrado, estaba tan ensimismado que decidió proseguir sin notar nada

    Su mano huesuda se acercó hacia su bolsillo, quería sacar algo que estaba atorado en su viejo traje de época  tradicional.

    Finalmente, logré sacar un corazón latente, lo admiro y me lo acerco para que pudiera verlo a detalle, hablaba de lo orgulloso que estaba porque él mismo lo había sacado, lo miré desconcertada, pues seguía latiendo.

    -Anda, tócalo, sin problema, apriétalo, destrúyelo, quiero probar tu furia.

    Lo aparté y de manera indiferente le dije que no significaba nada para mí

    ¿Nada? ¿No significa nada?

    -¿Quién te piensas que eres?

    Sus ojos gritaron lo suficiente como para detectar que el alma ya no existía más ahí

    —Así que, no es suficiente, ¿eh?

    -¿Qué te parece si te muestro parte de donde vengo?

    Se acercó de manera brusca hacia mí y me jalo hacia su dimensión conocida como INFIERNO.

    —No tienes idea de qué tan emocionado estaba por traerte aquí, ¡uh! ¡Cuidado! No te vayas a quemar, ¡JAJAJA!

    Rio demasiado fuerte, como si ese día se tratara de una fiesta. Me sostenía fuerte con sus brazos huesudos como si no quisiera apartarse de mí, por nada del mundo.

    Íbamos a toda velocidad a través de esas llamas, flamantes y sofocadoras; no entendía por qué mi cuerpo mortal no se consumía por esas llamas. Era como si Toulse me hubiera puesto un protector contra llamas, aunque no recuerdo que lo haya hecho.

    —¡Llegamos!

    Entramos a una habitación lo suficientemente grande como para ser una mansión, la cual cambiaba de forma a su gusto. Entramos a un comedor, que después se convirtió en una sala de estar y de inmediato se transformó en una gran biblioteca personal, con un sótano incluido.

    —¿Finalmente se detuvo? Pregunté.

    La habitación había cambiado lo suficiente como para dejarme mareada y con muchas náuseas. Me sostuve de un pequeño pero adorable adorno pegado a la pared que me resultaba familiar.

    —¿Qué es esto? ¿Por qué me resulta tan familiar? Como si fuera de casa…

    Toulse se quedó inquietamente quieto y callado, como si por primera vez algo o alguien lo intimidara. Decidí hacer caso omiso y continué por la biblioteca explorando.

    Encontré otro adorno parecido al que me hacía sentir en casa, pero esta vez era más pesado. Había un pasadizo repleto de ellos y la curiosidad me llevó a recorrer cada uno de ellos. Me aparté demasiado de Toulse, como si quisiera que involuntariamente no me encontrara.

    Iba caminando, dominada por mi curiosidad, cuando sentí un pinchazo lleno de electricidad. Me atrajo directamente con esta extraña joya que estaba al centro de la interminable biblioteca; parecía que estaba en un altar. Arriba, un retrato de una persona de varias épocas pasadas, demasiado viejo como para saber en qué época había existido. Me hechizó el retrato por un momento y, cuando sentí que mi consciencia regresó a mi cuerpo, todo mi cuerpo se estremeció. ¿Me parecía a esa figura? ¿Por qué se sentía tan familiar? ¿Quién era? La joya esmeralda nunca se despegó de mí; seguía pinchándome y estoy segura de que me hechizó hacia el retrato, quería hacerme entrar a otra especie de dimensión, pero me retuve lo suficiente como para que me soltara y me devolviera la consciencia.

    —¡AHHHHHH! Grité.

    —¿QUÉ PASÓ? Lloraba y seguía gritando por ayuda.

    Toulse por fin me había encontrado.

    —Te juro que creí que ya lo sabías.

    —¡¿SABER QUÉ?! —seguía gritando y ahora lo apretaba por la desesperación.

    Toulse, desconcertado, me miró y en un tono silencioso me dijo:

    —Tú eres la siguiente…

    Toulse  me paso un pergamino un poco dudoso si debia o no haberlo.

    -Este pergamino ha sido pasado de generación en generación, los ancestros son los que deciden quienes seran los siguientes, ellos tienen la sabiduría y conciencia mayor para poder saberlo, nosotros solo somos los conductores que seguimos sus indicaciones, cuando naciste me asignaron como tu cuidador, lo se, es ironico ¿un angel caido como cuidador? Debe ser una broma, un poco si, pero vamos más allá de solo angeles caidos, anda lee su contenido, me entederás mejor. ¡Que emoción!

    Querida Haira,

    La asamblea de ancestros ha tomado la decison y consienten por completo tu anexo hacia el trabajo mas importante y excepcional que ha trascendido por generaciones, todos nosotros te hemos conocido desde antes de tu nacimiento, sabiamos exactamente la persona en la que te convertirias y eligimos cuidadosamente a tus padres y hermanos, todo siemore fue velaod bajo nuestro cuidado, nada fue casualidad ni un error, en realidad fueron ancestros trabajando duro cada dia de tu existencia y pre existencia para que existiera este momento, Toulse fue un pequeño descuido del ancestro Gron, creyo que seria divertido, lamentmos cualquier inconveniente, sabemos que es algo inestable, pero cono todo y todo logro traerte sana y salva ha este momento.

    Sabemos que nada de esto te va a gustar, conocemos tu carater de espiritu libre y sabemos que no querras o acepataras un proposito impuesto por alguien mas, sabemos que querras quemar este pergamino, (es a prueba de fuego, no lo intentes linda), sin embargo absolutamnete todos confiamos en nuestra gran y hermosa ovejita negra. 

    Hasta entonces, 

    Tu gran linaje ancestral.

    – ¿Acaso siempre supiste de esto? ¿Toulse?

    -Por supuesto, siempre lo supe

    -No lo arruges……

    -Y ahi va…..

    El papel arrugado caia por el vacio.

    Entonces me temo, que ni siquiera eleccion de nacer tuve

    -¡Me alegra que te lo tomes con humor!

    -¿Acaso vez que me este riendo Toulse?

    -Por favor, sabias desde pequeñas que no eras de alla arriba, me lo decias a diraio, bajame Toulse ya no agauanto a los mortales…

    -Era una niña, no sabia lo que decia

    -Sabia que no debia dejarte involucrar con ellos, aunque lo admito ellos son divertidos y tontos

    -Pero ya lo tenia todo preparado, incluso te lo conte Toulse. 

    Sentia mis lagrimas desbordarse por el rabillo de mis ojos.

    -Iria de viaje por todo el mundo, probaria de todo, no me cansaria de disfrutar la experiencia de la vida moartal, Tu lo sabias, ¡Sabias que  iba a huir!

    ¡Lo sabias, por eso me engañaste!

    ¿por que lo hiciste?

    No me respondas 

    ¿Por que yo Toulse?

    No podia dejar de  llorar, ni quiera sabia que los no mortales sabian hacerlo.

    Toulse solo se  acomodo cerca de  mi, sin saber que hacer-

    Toulse me pasó un pergamino un poco dudoso, si debía o no haberlo.

    —Este pergamino ha sido pasado de generación en generación; los ancestros son los que deciden quiénes serán los siguientes; ellos tienen la sabiduría y conciencia mayor para poder saberlo; nosotros solo somos los conductores que seguimos sus indicaciones. Cuando naciste, me asignaron como tu cuidador; lo sé, es irónico, ¿un ángel caído como cuidador? Debe ser una broma, un poco sí, pero vamos más allá de solo ángeles caídos; anda, lee su contenido, me entenderás mejor. ¡Qué emoción!

    Querida Haira,

    La asamblea de ancestros ha tomado la decison y consienten por completo tu anexo hacia el trabajo mas importante y excepcional que ha trascendido por generaciones, todos nosotros te hemos conocido desde antes de tu nacimiento, sabiamos exactamente la persona en la que te convertirias y eligimos cuidadosamente a tus padres y hermanos, todo siemore fue velaod bajo nuestro cuidado, nada fue casualidad ni un error, en realidad fueron ancestros trabajando duro cada dia de tu existencia y pre existencia para que existiera este momento, Toulse fue un pequeño descuido del ancestro Gron, creyo que seria divertido, lamentmos cualquier inconveniente, sabemos que es algo inestable, pero cono todo y todo logro traerte sana y salva ha este momento.

     Sabemos que nada de esto te va a gustar, conocemos tu carácter de espíritu libre y sabemos que no querrás o aceptarás un propósito impuesto por alguien más; sabemos que querrás quemar este pergamino (es a prueba de fuego, no lo intentes, linda). Sin embargo, absolutamente todos confiamos en nuestra gran y hermosa ovejita negra.

     Hasta entonces,

    Tu gran linaje ancestral.

     —¿Acaso siempre supiste de esto? ¿Toulse?

    —Por supuesto, siempre lo supe.

    —No lo arrugues…

    —Y ahí va…

     El papel arrugado caía por el vacío.

     Entonces me temo que ni siquiera elección de nacer tuve.

    —¡Me alegra que te lo tomes con humor!

    —¿Acaso ves que me esté riendo, Toulse?

    —Por favor, sabías desde pequeñas que no eras de allá arriba, me lo decías a diario: «Bájame, Toulse, ya no aguanto a los mortales…».

    —Era una niña, no sabía lo que decía.

    —Sabía que no debía dejarte involucrar con ellos, aunque lo admito, ellos son divertidos y tontos.

    —Pero ya lo tenía todo preparado, incluso te lo conté, Toulse.

     Sentía mis lágrimas desbordarse por el rabillo de mis ojos.

    —Iría de viaje por todo el mundo, probaría de todo, no me cansaría de disfrutar la experiencia de la vida mortal. Tú lo sabías, ¡sabías que  iba a huir!

    ¡Lo sabías, por eso me engañaste!

    ¿Por qué lo hiciste?

    No me respondas.

    ¿Por qué yo, Toulse?

     No podía dejar de  llorar; ni siquiera sabía que los no mortales sabían hacerlo. Toulse solo se acomodó cerca de mí, sin saber qué hacer.

    —Ayúdame, Toulse. No supe qué hacer más que reclinarme en su hombro y comenzar a llorar. Todo con lo que había soñado se destruyó en cuestión de segundos. Sabía que si no lo hacía, mi tiempo se terminaba; sabía muy en el fondo que de hecho elegí este propósito, aunque mi yo actual no podía comprenderlo. Tonta, ¿por qué elegiste esto?, ¿qué quieres de todo esto? Me preguntaba; demasiadas preguntas sin respuestas venían a mi mente. 

    Toulse pareció conmoverse al verme destrozada; él sabía lo mucho que me ilusionaba darle la vuelta al mundo, con todo y todo.

    —Sabes, conozco algunas reglas que los vejestorios no. Algún día me infiltré en los archivos prohibidos, sabiendo que los ancestros estaban ausentes. Descubrí varias cosas lindas, y también siniestras, si me lo preguntas, uffff, no me lo creería, superdescabelladas, más allá de mis límites, y eso que yo soy  la definición de traspasar miles de límites…

    —¿Decías, Toulse? Toulse amaba divagar.

    —Como sea, descubre cómo escaparnos mientras tus vejestorios no nos ven. Tengo conocimientos en cómo burlar su seguridad, o mejor dicho, sus narices un tanto metiches, jaja, rio fuerte.

    —¿Hablas de escaparnos y poder hacer lo que queramos?

    —Lo que queramos es un término demasiado flojo, quiero decir, si te expones a situaciones de extralímite, por supuesto que terminaríamos exterminados y…

    —¡TOULSE!

    —Cierto, el punto, sí, en resumen, sí.

    —Entonces, ¿me dejarías darle  la vuelta al mundo?

    —Con excepciones y siguiendo mis reglas, sé que detestas esta parte, pero te guste o no, cuidarte es mi propósito, y nos guste o no, tenemos que completar la misión…

    Brinqué de un salto y le di un fuerte abrazo con lágrimas en los ojos.

    —¡Toulse! —¡Es el mejor regalo que me has dado en la vida, no tienes idea de lo feliz que eso me hace! —seguía llorando, pero ahora de  felicidad.

    —Recuerda, querida, que nos están observando; actúa más relajada. 

    Me aparté de él y continué llorando; fingía enojo y decepción.

    —Caminemos, linda, tenemos un largo camino por recorrer…

    DÍA 5,500

     Querido diario, hoy visitaremos Melbourne. Estoy tan emocionada de conocer todo; quiero nadar en el mar, aprender surf, hacer un poco de esnórquel y “perderme en el océano buceando”, entre comillas porque sabes que Toulse cuida cada paso que doy. Amo demasiado a ese desgraciado. Por ahora, iremos por unas mimosas, como las diría él, jaja.

     Nota: Me siento tan feliz que he olvidado mis obligaciones; cada vez quiero más a estos mortales.

     Nota extra: En nuestro viaje a Perú hicimos varios amigos; obligué a Toulse a ser voluntario y vaya que los disfrutó, JAJA. En realidad, odió cada segundo; tuvo que servir no solo a los animales, sino que también a los mortales. A cada segundo decía: «Odio esto, de verdad odio esto», pero realmente pienso que ama cada segundo en el fondo de su muy huesudo corazón. Al final, los peruanos le regalaron un amuleto y le cantaron en forma de agradecimiento en una fogata bajo la luz de la luna llena. Sé que vi una lágrima y una gran sonrisa, solo que él siempre lo niega. Toulse, al igual que yo, comienza a sentir afecto por los mortales.

     —Hasta ahora hemos sido muy exitosos en nuestra misión de eludir a los vejestorios. Pero me temo, querida, que tenemos que seguir siendo cuidadosos.

    —Vamos, Toulse, relájate un poco.

    —Sabes que no puedo ni un segundo, Hai, aunque lo admito, esos peruanos sí lograron conmoverme.

    —Lo sabía, te dejé disfrutar plenamente ese momento.

    —Gracias por eso, querida.

    Australia aquella tarde parecía triste, como si sus habitantes hubieran sufrido de algo; Toulse no le dio importancia, preocuparse por los mortales no era su trabajo.

     No pudimos disfrutar de esas mimosas; todo estaba cerrado, incluso la playa. Yo seguía sintiendo algo raro en el ambiente, pero decidí no darle importancia. El hotel, por desgracia, era nuestra única guarida y donde debíamos permanecer, pues había una gran tormenta ese día, y los días siguientes y los días siguientes. El ambiente del lugar cada día pesaba más, pero quería seguir disfrutando, así que lo dejaba pasar.

    Toulse, en cambio, dejaba de sonreír mientras pasaban los días y su rostro se tornaba entre nervioso, tenso  y misterioso. No decía mucho, solo quería verme feliz; él también notaba el ambiente cambiante, pero ninguno de los dos decía nada.

    Una madrugada no logré conciliar el sueño; esa madrugada en específico, el ambiente pesaba más en los hombros. Decidí saltarme el descanso y explorar el hotel. Toulse parecía distante y no quería hablar con nadie; solo divagaba y se enfocaba en levitar. Su mente corría de un lado a otro mientras su cabeza seguía sus direcciones de lado a lado.

    Me escapé de la habitación, deambulaba por cada pasillo pensando en dónde habían guardado las mimosas. Todo era tan silencioso y misterioso a la vez, que sin duda me sentía más en casa inmortal que en la de los mortales. Encontré el bar junto con la comida del bufé y quise hacer mimosas para mí y para Toulse; aunque sea esa experiencia sí me la quería llevar, ya que Melbourne nos recibió con tormentas y al parecer así también nos despediría.

     Terminé con las mimosas y fui directo al cuarto; no podía esperar a enseñarle a Toulse mi creación más mortal. Intenté abrir la puerta y, cuando finalmente la abrí, presentí algo e intuitivamente grité:

     —¡TOULSE CUIDADO!

     Las mimosas cayeron al suelo junto con el cristal; ahí iba mi creación más mortal. Toulse alzó la mirada cuando alcanzó a ver.

     —¿UN VEJESTORIO? ¿Qué haces aquí? Titubeó; su mirada era ausente.

    El ancestro solo lo miró con desaprobación y procedió:

     —Te creíste listo y lo fuiste por un segundo, Toulse; debo admirar ese coraje, ¿o será la gran inestabilidad que tienes en esa cabeza? No tengo otro remedio más que hacer lo debido y ……….

     En un segundo vi cómo Toulse logró arrebatarle la consciencia y llevarla a la profundidad del mar; sabía que ahí los inmortales eran irrastrables. Yo solo veía sangre esmeralda por todo el cuarto; no sabía que las conciencias sangraban. ¿Qué había pasado? ¿Por qué Toulse lo había hecho? Jamás había visto esa mirada en Toulse; parecía muy asustado y a la vez aliviado. ¿En qué estaba pensando?

     Mi mente divagaba mientras mi cuerpo mortal solo gritaba y lloraba. Desperté a algunos huéspedes, pero Toulse llegó rápido y me cubrió la boca. Me rodeó con sus huesudos brazos tan fuerte, clavándome sus garras, que  por un momento creí que sería la siguiente conciencia muerta, solo que en esta ocasión se derrocharía sangre roja como cualquier mortal. Entonces escuché un susurro:

     —Shhhhhhhhhhh, duerme…

     Me desvanecí, caí en un coma provocado por Toulse, dejé de escuchar, sentir e intuir; se supone que eso pasa con el cuerpo, pero esta vez no era el cuerpo el que había sido atacado, sino mi consciencia.

    Mi intuición siempre fue fuerte, pero nunca lo comprobé hasta ese momento. Mi cuerpo estaba despierto, pero no había consciencia; era como si tuviera un muñeco sin batería, que alguna vez brilló, solo que ahora el cascarón solo era eso, un vacío e inservible molde.

    Les hice creer que estaba inconsciente, pero sentía cómo era arrastrada por interminables pasadizos; había fuego por todos lados, chocaba mi cuerpo como si se tratara de cualquier hojalata o basura que va llevando.

    Escuchaba gritos desesperados y sollozos llenos de miedo y angustia:

     —¡¡AHHHHHH!!

    —Aléjate, no me toques.

    —¡Quema!

    —¡Ayuda!

    —¡Auxilio! ¡Por favor!

    —Sáquenme de aquí.

    – ¡Yo no lo hice!

    – ¡No hice nada!

    —¡Libérenme, libérenme, libérenme!

     Llantos desesperados e inútiles; los que me llevaban solo se reían y decían:

     —¡Súbanle al fuego! JAJAJA

     Caminaron por varios tramos más y escuché:

    —¿Aquí está bien? ¿Este tiene que ser el pozo, ¿no?

    —Wow, nunca había visto uno para un inmortal.

    —Mira su cuerpo, todo quemado.

    —JA inmortales moralistas

    —Muero por ver cómo termina.

    —¿Muero?

    —JA JA JA

     Ambos reían mientras se alejaban; dejé de escuchar el ruido cuando decidí entrar al cuerpo.

     Exhalé muy fuerte y con prisa; olía a quemado y temía sentir el dolor del cuerpo, pero era inútil, ya no había nervios para sentir. Escaneé mis alrededores; estaba en un pozo. Alcé la mirada y ahí estaba.

     —¡MALDITO SEAS, TOULSE! —grité con voz quebradiza y enojada.

     —Por tu bien, no me llames así. Aquí no.

     Toulse llevaba cadenas al igual que yo, solo que él colgaba como candelabro, en contraste con mi que me abandonador, apoyada a la pared, desvanecida en el suelo.

     —¡¿De qué hablas?!

    —¡Cállate, Hai!

     Parecía más inestable de lo que usualmente actuaba, no estaba contento y por primera vez vi el miedo en sus ojos.

     —Aquí vienen, quiero que en todo momento seas una consciencia, salte del cuerpo, no quiero que vuelvas a entrar. ¿Entendiste?

    —¿Por qué? ¿Qué pasa?

     —¡Dije que si entendiste! Toulse jamás me había gritado, ni siquiera esas veces cuando lo sacaba de quicio por diversión; llevaba tantos años de conocerlo como para entender que esto era serio.

    —Sí, ya entendí, no te preocupes.

    – Bien.

    Se volteó y se soltó a llorar; intentaba meditar, pero las cadenas lo tenían tan atado como para poder moverse libremente. 

    —Y por primera vez. Tu querido e inestable Toulse tiene miedo…

    Todo el espacio se tornó en oscuridad total; la energía se sentía muy pesada, había una sensación de desesperanza; esta vez no había una salida segura. Un detalle brincó a mis ojos: un símbolo raro y grande brillaba en el suelo; no logré identificarlo, solo sabía que no significaba nada bueno. 

    Sentí cómo fui arrastrada hacia otra dimensión. Cuando me pude dar cuenta, todos estábamos ahí: prisionero y controladores; nadie sabía que yo estaba presenciando todo y viéndolo detrás del velo. Afortunadamente, eso me hacía sentir segura, pero moría por dentro porque mi guardián de toda la vida está demasiado vulnerable. Sentí demasiada impotencia, y aún más escalaba ese sentimiento al escucharlo decir:

    —No te entrometas, Haira. ¡No te entrometas!

    —Por tu bien y por el mío.

    A medianoche llegó al camposanto provisto/a de picos y palas. Después de cavar durante dos horas, el ataúd quedó a la vista. Cuando descerrajó la tapa, descubrió que el cadáver había desaparecido.

    Los del fondo habían comenzado a destapar todos los ataúdes posibles; desesperados, buscaban y buscaban como máquinas desesperadas por cumplir una misión.

    —No está, ¡728 ataúdes y nada!

    Me preguntaba qué era lo que buscaban, hasta que a lo lejos vi el mismo símbolo que vi en el pozo; ardía en llamas azules.

    Ahí está, ahora sí, comencemos.

    Una ceremonia llena de huesudos en túnicas caminando hacia ese ataúd; lo levantaron y lo llevaron al centro.

    Las túnicas, entre cánticos, arrastraban a Toulse, como si fuera una simple basura; se frenaron en el centro y lo metieron al ataúd, solo que esta vez su cuerpo levitaba.

    Iniciemos la ceremonia de conclusión de consciencia; así como lo dijo el sujeto, una consciencia por otra. Todos rieron al unísono y ansiosos querían ver todo y disfrutar el gran espectáculo que era ver el ciclo final; ya no existiría más conciencia en vida para experimentar lo mortal y lo no mortal.

    El cuerpo de Toulse mortal estaba totalmente deshecho; parecía un favor el poder dejar descansar ese cuerpo. Me preguntaba qué era lo que pensaba mientras buscaba mi cuerpo mortal. Odiaba esa sensación de impotencia; nunca me dijeron a qué fuerzas me enfrentaría, pero no estaba dispuesta a dejar ir esa conciencia sin importar el cuerpo físico mortal o no mortal que tuviera.

    Pude encontrar mi cuerpo; los vejestorios probablemente me lo facilitaron. Sabía que estaba en problemas con ellos directamente, pero por alguna extraña razón me estaban ayudando.

    Tenía problemas al volver a entrar; mi cuerpo mortal me rechazaba por obvias razones. Intenté recordar la lección, una y otra vez; el cuerpo lo rechazaba y rechazaba hasta que decidí dejar de pensar y solo seguir la intuición.

    Logré entrar al cuerpo. Al instante, un estruendo sonó, todo el cementerio se llenó de neblina; ya nada existía en ese cementerio.

    Todas las conciencias no mortales se habían ido; esas túnicas roídas estaban tendidas en el suelo. Escuché una voz familiar.

    —No puede ser. ¿Lo lograste? En serio lo lograste.

    —Me temo que nuestros cuerpos mortales no lograron soportarlo.

    —Ni los no mortales…

    Ambos reímos a carcajadas.

    —¿Y todo esto para salvar a los vejestorios?

    —Algo así; por cierto, tenemos que ir a verlos.

    —Ah, sí, temía que lo ibas a sugerir…

    —Vamos. Gracias por salvarme, por cierto.

    —Con Gusto Tou, lo haría otra vez.

    —¿Tou? Me gusta.

    —A mí también.

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    Mónica García

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