Era la boda de Emiliano y Anaís, una celebración de colores oscuros y sabores profundos, como todo en Oaxaca. La cocinera, una mujer de ojos negros y serios, contaba que el banquete había sido un festín peculiar, cargado de memorias y hechizos antiguos. Aquella noche, sus manos se movían con la precisión de una curandera, mezclando ingredientes que parecían conjurar algo más que sabores.

El primer plato fue un mole negro. La cocinera recordaba con devoción el momento en que, sobre el metate, las semillas y los chiles tostados crujieron y soltaron su aroma; las almendras, los clavos, las pasas y un trozo de chocolate se unieron en una danza lenta. Al servirlo, cada comensal sentía el peso de generaciones, la intensidad oscura que quemaba con lentitud. Emiliano lo probó primero, y todos vieron cómo cerró los ojos, como quien recibe una revelación.

Después, la cocinera ofreció las tlayudas, grandes y crujientes, apenas dobladas en los extremos, cubiertas de frijoles negros y quesillo fresco que se deshilaba como si quisiera aferrarse a las tortillas. Se les agregó aguacate, tiras de lechuga, y una capa sutil de tasajo. Los invitados masticaban en silencio, como si comprendieran que cada bocado guardaba un secreto, una historia antigua escondida en el maíz.

Los chapulines fueron el plato más inesperado. Servidos en una pequeña canasta de barro, dorados y crujientes, sazonados con ajo y limón. La cocinera los veía brincar, imaginando cómo resonaban las patas en los paladares sorprendidos, cómo algunos de los invitados detenían la respiración antes de probarlos, quizás temiendo algo más que el sabor. Anaís los aceptó sin titubeos, con una sonrisa cómplice hacia Emiliano, y él notó en ella un brillo desconocido.

El mezcal llegó después, un trago ancestral que parecía encerrar una advertencia. La cocinera sirvió cada vaso como quien vierte una medicina peligrosa. Les explicó, en voz baja, que cada tipo de agave contenía el alma de la tierra, que sus raíces se hundían en las sombras de las montañas. Emiliano levantó el vaso, y mientras lo bebía, sintió como si el mundo entero se comprimiera en ese sabor amargo y ardiente. Anaís lo miraba en silencio, con una expresión que nadie supo descifrar.

El último plato fue un postre en apariencia sencillo, una pequeña muñeca de trapo hecha de masa de maíz y miel, con una mirada cosida en hilos negros. Antes de entregárselo a Emiliano, la cocinera murmuró palabras que nadie alcanzó a oír. Al morderla, él sintió un escalofrío que subió desde su lengua hasta el cráneo, un frío que no pudo entender. Al terminar la muñeca, sin darse cuenta, dejó caer una pequeña lágrima. Fue la última vez que Emiliano pudo ser el mismo.

Días después de la boda, se decía en el pueblo que el alma de Emiliano se había perdido, atrapada en alguna parte del monte, mientras su cuerpo vagaba sin destino. Otros afirmaban que se lo veía por las noches, asomando desde la cocina de la cocinera, una figura hecha de trapo y costuras, con ojos que brillaban como brasas encendidas en la penumbra. Y la cocinera, cuando escuchaba esos rumores, sonreía en silencio, con una satisfacción extraña y profunda.

Recetas típicas de Oaxaca:

Mole: Oaxaca es conocido como la "tierra de los siete moles". Cada variedad tiene un sabor y color distinto, con ingredientes como chiles, chocolate, especias y frutas.

Tlayudas: Una tortilla grande y crujiente, cubierta con frijoles, quesillo (queso oaxaqueño), aguacate, lechuga o repollo, y a veces carne.

Chapulines: Son grillos tostados que se sazonan con ajo, sal y limón. Son un aperitivo tradicional y muy popular.

Mezcal: Oaxaca es famoso por su producción de mezcal, un destilado de agave que se elabora en la región. A diferencia del tequila, que proviene del agave azul, el mezcal se puede producir con diferentes tipos de agave.Quesillo (queso oaxaqueño): Es un queso de hebra, similar a la mozzarella, utilizado en muchos platillos locales.

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Cosas que pasan es un relato breve que forma parte de la obra Pedacitos y otros relatos inquietantes, de Marianela Presas. Si te gusta Mariana Enríquez, te atrapará Marianela. No te la pierdas.