Cuando Helena entró en el salón, él ya estaba allí, oculto entre las sombras, preparado para hacer lo que debía…
Se acercó sigilosamente y le dio un beso en sus cabellos. Ella se volvió con cara de sorpresa, pues no le vio llegar. Él la invitó a sentarse, para tener esa conversación que había sido aplazada una y otra vez. Ya era el momento.
Helena, le dijo, es hora de que sepas toda la verdad. Helena calló y él prosiguió.
Antes de conocerte, estuve casado con una buena mujer, con la cual tuve 3 hijos. Fuimos muy felices hasta que la muerte nos separó. Quedé sumido en una tristeza profunda y no pensaba con claridad. Mis suegros me sugirieron llevarse a los niños con ellos y yo acepté. Quedé viviendo solo, acompañado por los recuerdos que cada rincón, cada foto, cada objeto de esa casa me despertaba. Estuve mucho tiempo en ese estado y luego te conocí. Te veía pasar ante mí en el parque, donde acudía a menudo para distraerme y disipar mi dolor. Hasta que reuní el valor de hablarte. Y ahora cuando más felices estamos, viene el pasado a atormentarnos. Mi anterior esposa vive y quiere reclamar lo que una vez fue suyo. Ese ha sido el motivo de mis ausencias. He intentado todo para hacerla entrar en razón, pero ha sido en vano.
Helena escuchó con atención toda la explicación que le dio Ramiro y expresó:
Lo sé todo. A mi también ha estado llamandome exigiendome que me aleje de tu lado, Yo he callado. Me ha amenazado de muerte, pero no pienso seguir de brazos cruzados esperando que ella cumpla sus amenazas. Está claro que ella, Rosana, no está en sus cabales. Ella perdió la razón mientras estaba casada contigo y sus padres tratando de esconder que su hija estaba loca, fingieron su muerte para ocultar su verguenza. La internaron en un hogar de reposo, donde la curarían de su locura, pero no fue así y ahora viene con ánimo de destruir nuestra felicidad.
Ramiro la miró con lágrimas en los ojos y le dijo:
Helena, nuestro amor es muy grande y juntos saldremos airosos de esta situación
¿ Qué piensas hacer ?, preguntó Helena.
En ese momento, sonó el timbre de la puerta principal. La mucama atendió y les trajo una carta sin remitente. Ramiro la tomó y abrió con precaución, pensando que sería una nueva amenaza, y leyó en voz alta su contenido.
Apreciados señores Alvarado, he seguido de cerca la situación por la que están pasando, y como cuentan con mi estima y respeto, en esta misiva les expondré toda la verdad.
Rosana, ni murió como les hicieron pensar a todos, ni nunca ha estado internada por locura. Ella sólo huyó con su amante. Ha vivido tranquila y feliz en otra ciudad, disfrutando los placeres de la vida. Pero, hace más o menos un año, su amante murió en extrañas circunstancias, y su cuerpo desapareció misteriosamente, dejándola sola, muy afligida y desprotegida. Este hecho la ha desquiciado un poco y quiere regresar a su vida de antes. Sus padres la apoyan en todo y han puesto a tus hijos en tu contra y haría todo lo que esté en sus manos para lograr que regreses con ella. Piensa acusarte de bigamia y exigirte su parte de la fortuna que acumularon en su vida de casados. Ha planificado un sinfín de acciones para lograr que vuelvas a su lado. Incluso, matar a Helena para conseguirlo. Les recomiendo sean prudentes y tengan mucho cuidado.
PD: También reclama un anillo, muy valioso económica y sentimentalmente para ella, que le regaló su amante. No cesará hasta encontrarlo. Ha dicho que sí recupera el anillo, los dejará en paz.
Ramiro terminó de leer la carta y quedó largo rato pensativo. Helena, impaciente, lo increpó: ¿de qué anillo se trata ?
Él respondió: un anillo que conseguí en su joyero junto a una rosa marchita ,y deduje que lo apreciaba mucho. El día de su entierro. cuando comenzaron a arrojar arena en su tumba, lo arrojé para que la acompañara.
Helena suspiró y exclamó: ese anillo representa nuestra libertad. ¿ Cómo podremos ahora recuperarlo ?
Ya pensaremos en algo, replicó Ramiro. No quiero involucrar a la policia en esto. Saldré unos momentos. Haré unas investigaciones por mi cuenta.
Ten cuidado, dijo ella.
Ramiro regresó y le explicó lo que iban a hacer para recuperar el anillo de la tumba.
Cuando el reloj marcó las 12 de la medianoche, Ramiro y Helena salieron rumbo al cementerio. Iban callados, con el alma en vilo.
Era una noche oscura, con el viento ululando por doquier. Ellos ateridos de frío y miedo, entraron al cementerios. No fue fácil conseguir la tumba. Al fin, dieron con ella. Allí los esperaban dos hombres armados con pico y pala, contratados por Ramiro. A la orden de Ramiro, comenzaron a cavar. Helena y Ramiro observaban temblando. Al cabo de lo que pareció una eternidad, vieron brillar sobre la urna ya despejada, el anhelado anillo. Ramiro suspiró y lo tomó en sus manos, aliviado.
Helena sonreía, pensando que ya acabarían todos sus problemas. De pronto, invadida por la curiosidad, pidió a los hombres que abrieran la urna. Los hombres así lo hicieron y con gran sorpresa para todos, vieron espantados, el cuerpo en estado de descomposición de un hombre.

