Cuando Helena entró en el salón, él ya estaba allí, oculto entre las sombras, preparado para hacer lo que debía…
Helena se adentró en la penumbra de la habitación que hasta hace poco había estado llena de gente desconocida. Mientras ella se despedía de la gente en la puerta él tomó el cuchillo del buffet; las gambas, los cortes de carne a medias y las piernas de pollo aun sin tocar fueron testigos, mientras se alejaba de la mesa rosó el chocolate que emergia de la fuente que aún estaba encendida, con un suave y silencioso toque en los labios saboreó el dulce líquido y con una lengua bífida se limpió los labios esbozando una sonrisa ansiosa, esperando que llegara el momento.
Ya en la habitación Helena suspiro después de una honda inspiración y se dijo a sí misma, >Por fin se fueron todos< con los brazos en la cintura haciendo la forma de una tetera con doble asa tomó otro hondo respiro pero esta vez la exhalación fue de satisfacción, había organizado una de las mejores fiestas de la temporada y todo había transcurrido sin inconvenientes. Su porte elegante, esa espalda siempre erguida y su mirada indiferente le cansaban, relajo su espalda que se encorvo al instante, dejó los guantes largos de blanco látex en el sofá más cercano y se acercó a la mesa. Ya podía ser ella misma, sin embargo eso no significaba que perdiera los modos, pero ya podía comer todo lo que quisiera a placer.
En la oscuridad una sombra atravesó silente la habitación, solo una ventana fue capaz de deslumbrar la esbelta silueta, alta, atlética un sombrero a media frente y un sobretodo hasta los tobillos hacían imposible saber de quién se trataba, pero solo la ventana vió su silueta pasar fugazmente antes de volver a desaparecer en las sombras sin que Helena se percara de su presencia, ella seguía dándose al placer de comer todo lo que había pasado días planificando, entre el pulgar y el índice sutilmente se posaba sobre una fruta o sobre una tartaleta la cual devoraba de un bocado, ya sin remordimientos, si el vestido de deformaria en la parte abdominal o si el qué dirán la llevaría a las noticias, ya nada importaba; pensaba que nadie la observaba.
Cuando Helena se acercó al borde de la mesa tomó una fresa con la misma delicadeza con la que había estado saboreando los demás aperitivos, se la llevó a la boca sin más y con lengua y labios se saboreo los dedos un último lengüetazo lento, casi un beso al dedo índice que hubiese sido bastante sensual si alguien la estuviera viendo y si hubiera suficiente luz para sentirse observada, con un sutil movimiento del pulgar se limpió la comisura de la boca mientras giraba sobre sus pies para percatarse de que la fuente seguía encendida, sonrió, tomó otra fresa esta vez con uno de los palitos que había dispuestos por toda la mesa para ese propósito.
El candelabro que repartía luz a la habitación desde la mesa apenas alcanzaba para iluminar lo que había sobre la misma, y poco más, desde ese ángulo los guantes que habían quedado en el sofá ya habían desaparecido a pesar de su blancura. Él se acercó y tomó los guantes y sonriendo se los acercó a la cara, les dió una larga pero silenciosa olfateada y con la misma sonrisa de mirada perdida la observó desde punto en las sombras rozando los guantes contra la mejilla con el cuchillo aún en su mano se aseguró de que su filo apuntara en otra dirección para no hacerse daño en ese sádico gesto.
La punta del palillo se deslizó suavemente entre la piel de la fresa brillante y sedosa las semillas se hicieron a uno y a otro lado para darle paso y la perforación fue limpia, ningún movimiento de resistencia y el palillo se fue a estrellar contro otra fresa que sí se deslizó llevándola a tocar la bandeja haciendo un leve sonido metálico, casi inaudible pero en la soledad de esa habitación con el silencio agudo el resonar llegó hasta los oídos de Helena quien rápidamente se giró hacia la fuente, hundió la fresa en la catarata de chocolate girándola un par de veces mientras miraba a todas partes, un viento recorrió su columna haciendo que su espalda volviera a erguirse en su posición elegante oficial para el público.
Los ojos bien abiertos casi desorbitados, se sentía por primera vez en la noche, observada y eso que había estado varias veces bajo las miradas de los críticos que vinieron a la fiesta solo a buscar fallas, se giró sobre sí misma varias veces un para rápida como una bailarina y otras dos como un cazador buscando una presa suave y quietamente, las sombras que oscilan al ritmo de la luz de las velas no hacían más que empañar la visión y repentinamente como si se hubiese acordado de algo importante se movió rápidamente en dirección a un de las paredes, la sombra visitante se movió también para evitar quedar en el ángulo de la luz tenue de las velas, su sombrero y sobredotodo negros podrian ayudarlo pero tampoco podía quedar en evidencia.
Ya en la pared Helena se acercó a un cómoda que tenía un exhibidor de vidrio con varias joyas y reliquias muy valiosas, la sombra había empezado a moverse en su dirección empuñando el cuchillo con fuerza, pero los pasos lentos intentando no hacer ruido impedían que el ataque furtivo fuera también veloz. Repentinamente se detuvo cuando vió que Helena abría un compartimento secreto en la cómoda que hacía girar a la repisa principal desapareciendo en la contraparte del mueble y dando paso una nueva repisa, Sus ojos se abrieron grandes como globos y brillaron por primeras vez en una oscuridad que lo había mantenido oculto al ver un relicario, en el cual solo se veía posada una sola reliquia, algo deslumbrante, con muchos brillos que destellaban a las luz de las velas y dejaban caer su sombra con pequeñas luces en el fondo falso de vitrina.
Permaneció inmovil y el cuchillo se vió liberado de la fuerza que su puño le había estado ejerciendo hasta el momento, casi suelta el cuchillo cuando bajó ambos brazos a los costados logró sujetarlo a tiempo para que no hiciera ruido al caer, relajó los hombros y sus ojos volvieron a desaparecer bajo la solapa de su sombrero, convirtiéndose en una sombra inerte en una oscuridad que a pesar de los brillos; parecería creciente, cuando Helena se daba la vuelta con el objeto en sus manos, él parecía haber perdido el propósito de su visita.
había estado preparando el asalto durante meses, observó a Helena cada día y ya sabía toda su rutina, mentalmente podía recorrer cada rincón de la enorme casa, podía hacer inventario de todas las cosas costosas que adornaban todo el lugar pero nunca había visto esa reliquia, extrañamente le parecía conocida, de algo estaba seguro, mientras Helena sostenía ese objeto en sus manos él perdía todo deseo de llevar su plan a la acción, no sentía ningún placer en hacerle daño, su sonrisa sádica se había borrado.
Helena con más confianza en sus pasos, como si pudiera ver con claridad todo lo que había en el gran salón, caminó firmemente hasta el borde contrario de la mesa donde habían estado los platos limpios y que ahora era el único sitio libre de la enorme mesa del buffet dispuesta en forma de L. Colocó suavemente el objeto en la mesa y el candelabro dejó vislumbrar su forma era una especie de cofre pero la parte superior tenía forma de grial, líneas doradas formaban varias figuras simétricas y los diamantes adornaban los fondos rojos que habían entre los hilos de oro.
El visitante reconoció el cofre, era una reliquia familiar que pasó cientos de años yendo de madre a hija y de hermana a hermana y que por alguna razón tras la muerte prematura de Margaret decidieron enterrarla con ella, pero ¿Que hacía Helena con la reliquia que debía estar enterrada? ¿Cómo la había obtenido? ¿Por qué genera ese efecto neutralizador en él? Estas preguntas quedaron en el aire cuando vió que Helena retiraba la tapa en forma de grial no se desmontaba, solo se corría hacía un costado y luego hacia atrás. La reliquia siempre permaneció unida entre sus piezas y a las manos de Helena.
Ya con la reliquia abierta el terciopelo rojo y con una cinta parecía estar vacía, Helena respiró profundamente conteniendo la respiración mientras tomaba la cuerda entre sus dedos con sutileza como había hecho con los entrantes unos momentos antes, tiró de la cuerda y un compartimento secreto se abrió ante sí, era pequeño aun más que el primero sólo cabría algo del espesor de una alianza de matrimonio y no más ancho que una estampilla de correos, en el fondo un papel amarillento, lo tomó con cuidado y lo desdobló sin prisa mientras con su muñecas aun tocaba el borde superior del cofre.
Oculto en la distancia observó como ella leía con detenimiento la nota, y luego de un momento la vio colocar el papel sobre la mesa, no en el cofre, sobre el mantel arrugado y sucio, sobre la mesa. Helena pareció secar una lágrima en su mejilla pero esto no importaba, su paciencia parecía agotarse y su ansiedad lo dejaba sin poder respirar pero sentía que mientras ella siguiera sosteniendo en cofre, no podría acercarse y mucho menos empuñar el cuchillo.
Ella tomó el cofre y dejó la habitación por la puerta más cercana que tenía, dejando el papel bajo la luz titilante de las velas. Él quería tomar el papel y leer de qué se trataba pero no quería caer en la trampa de acercarse demasiado pronto a la mesa donde la luz por fin delataría su presencia, escuchó una puerta lejana cerrándose y se acercó rápidamente a la mesa, tomó el papel y lo desdobló con ansias como un niño cuando destapa una golosina o un regalo de navidad.
Querida Margaret.
>¿Por qué Helena tendría una carta dirigida a la difunta Margaret?<
>¿Cómo una reliquia antigua estar oculta a simple vista sin ser notada?<
Las interrogantes saltaban a los aires y le explotaban la cabeza como un festival de fuegos artificiales.
La vida en el exilio no resulta fácil, Continuó leyendo.
Desde tu muerte he tenido que conocer el mundo, es lo que quería, pero no como lo queria, se que fue un poco precipitado pero solo quería escribir unas cuantas líneas para agradecerte la libertad que me has permitido obtener. Se siente bien ser quien yo quiera, sin aparentar y sin juicios absurdos, sin preocuparme de cómo me visto o de cómo me ven, todas esas cosas ya no me preocupan, gracias por esta libertad.
Se que esta carta podría dejarme en evidencia pero me aseguré de que solo tu puedas tenerla, si alguien llegará a saber de lo que hicimos tu vida sería un infierno y espero que no cause ningún mal para ambas en especial para ti que tanto me has dado,
Una frase inteligible por uno de los pliegues hizo que se saltara a la siguiente
línea.
La muerte de esa pobre niña hace ya tanto tiempo nos permitió
cambiar nuestras vidas y se como hermana mayor debí estar allí para cuidar de ti, espero que estes bien hermanita, cuando cumplas la mayoría de edad, estaré allí para ti, no lo olvides, hasta entonces cuidate mucho y no dejes que nadie vea esta carta.
PD:Ya que siempre quisiste ser la mayor para heredar todo, te dejo mi cofre de protección para que nadie pueda hacerte daño y para que siempre puedas tener a salvo todas tus cosas más preciadas, la tradición continua ya sabes, de hermana a hermana,
Hasta que nos volvamos a ver Te ama más que a nada…
Tu hermana mayor Helena.
Esto quiere decir que el patrón tenía razón, dijo para sus adentros, Helena debe morir pero no por lo que está haciendo con la fortuna familiar; como piensan los tíos, si no porque primero que todo, nunca debió haber crecido, ya estaba muerta, entonces mi deseo de matarla está bien fundado y no soy ningún monstruo.
Helena debe morir pensó.
Margaret debe volver a morir susurró entre los labios, con los dientes bien apretados empuñando con más fuerza que antes el cuchillo.
Salió del salón y se dirigió a la escalera contigua, ya no le importaba que las luces estuvieran encendidas, subió con decisión, sin importarle que a cada paso la escalera crujía debajo de sí y que los pasos resonaban con la acústica.
Cuando llegó al corredor escuchó unos pasos que subían la escalera sonoramente, esperó a que desapareciera el sonido de pisadas y comenzó a subir lenta y silenciosamente.
Se dirigió con pasos sonoros a la habitación que tantas veces había visto desde afuera, la puerta le era familiar pero nunca había estado dentro.
Al llegar al rellano escucho la voz suave de una niña y se dirigió a ella de puntillas para hacer el menor ruido punible en el viejo suelo de madera.
Cuando llegó vio que la puerta estaba abierta y entró sin pensarlo, la niña estaba de espaldas a él mirando por una ventana.
Al acercarse a la puerta escuchó la voz hablar nítidamente, se detuvo en el pasillo junto a la puerta y se quedó escuchando desde afuera
—¿Crees que es fácil vivir una vida que no te pertenece?— preguntó al aire sin dejar de mirar por la ventana. —Vivir aparentando ser alguien que no eres, ella siempre fue tan perfecta, no tenía fallas y siempre lo hacía todo a la perfección, pero
aun así no supo aguantar la presión, la nostalgia destilaba de su voz como un licor que le quemaba la garganta y el corazón. >vivir dos vidas mientras intentas ser tú misma, es imposible, ya estoy cansada tengo todo y no tengo nada, siempre quise todo esto pero se que no podré mantenerlo por mucho mas, siento que me derrumbo.
—Intenta vivir una vida que te pertenece sin que nadie te la entregue—, la voz
siseante era un susurro de odio, —cuando lo único que te espera son las migajas de un mal padre que ni siquiera está cerca de obtener una herencia, y enterarte de que la heredera no es en realidad la heredera sino una impostora que debía estar muerta hacía mucho tiempo ya, si solo desapareciera el recuerdo y si tu rostro no fuera tan familiar—, tomó aire y fantaseo con algo deleitable por un momento, —oh, qué bueno sería poder saborear esa desdicha de la que hablas, poder tenerlo todo sin que nadie te reclame el haberlo tomado sin merecerlo.
—Crees que debería desaparecer?— pregunto la chica sinceramente
—Claro que si—, serpenteo el recién llegado, —para empezar debiste haber muerto hace mucho tiempo
—No fue mi culpa no haber muerto, —ella se giró y sostenía la caja en su regazo.
—No sé qué fue lo que le hicieron a esa pobre niña, pero hasta yo ví que tenía tu rostro en ese féretro—, el brillo de la caja destelló en sus ojos mientras ella se acercaba a la cama. —Debieron haber pagado hace mucho tiempo por lo que hicieron
y ya es demasiado tarde. Su odio era más fuerte que el efecto de la caja y aunque no podía atacar, el cuchillo seguía firmemente empuñado en su mano.
—Ella vendrá—, dijo con un sollozo en el corazón
—Hace tres años ya de tu mayoría de edad—, respondió girando sobre sus talones lentamente viendo sus movimientos alrededor de la cama.
—Para nosotras—, dijo ella y se llevó un mano al pecho, la caja tambaleó en la otra mano, apenas la podía sostener de esa forma. —Para nosotras—, continuó. —La mayoría de edad es a las 21 y es cuando recibimos la caja, hoy recibí la caja así que ella vendrá, dijo que me protegería.
—Pues es demasiado tarde—, volvió sisear con la lengua entre los dientes,
—esa caja no podrá protegerte para siempre y aunque hoy no termine mi cometido ya sé su secreto y todo el mundo mañana hablará de la falsa heredera.
—Si crees que es mejor que desaparezca dejaré que cumplas tu deber—, suspiró y bajó la caja entre ambas manos con los brazos extendidos hacia abajo —Y para que sepas la confianza que tengo en mi hermana a pesar de su ausencia y el
tiempo, dejaré esto aquí. Se acercó a la mesita de noche, apartó el vaso de agua y dejó reposar la caja brillante sobre la oscura madera.
Las lágrimas se le agolpaban en los ojos, pero estaba inmobil, después de escuchar esas palabras de confianza total, sus piernas se había quedado ancladas a la madera del suelo y su espalda parecía uno más de los cuadros del pasillo, inmobil, con el alma en la mano y el daño de la distancia y el tiempo como había escuchado latente en sus sienes, en su corazón envejecido de tanto dolor.
—Eres una estupida—, el seseo se hizo más prominente y el tono detestable se
intensificó, —Eres una estupida Margaret, ¿crees que después de tanto tiempo ella vendrá solo porque te lo prometió y después de haberte dejado sola, solo por un capricho que tenía?— Escupe a un costado y la mira con ojos de fuego, —eres más tonta de lo que pensaba—, comenzó a caminar hacia ella, la jóven comenzó a retroceder hacia la ventana y por primera vez el terror se reflejó en su rostro al ver el cuchillo destellar con el millón de colores que provenían de la cajita que la protegía y
que deliberadamente había dejado con una esperanza que ahora se daba cuenta de que no estaba bien fundamentada.
Al escuchar los pasos que se dirigen a la ventana supo que tenía que hacer algo, atravesó el umbral y al estar ante la escena sus ojos por un momento no sabían en qué enfocarse, su habitación ya no era rosa, se había convertido en un lugar oscuro de paredes rojas y una sustancia oscura parecía bajar por todas ellas, parecía brea o era sangre que brotaba como grandes lágrimas por toda la habitación, no sabía cómo había llegado a ese punto pero la escena más aterradora era la mirada de aquella niña retrocediendo hacia la ventana, huyendo ya no tanto del cuchillo, sino mirando por encima del hombro del atacante parecía ver un fantasma con los ojos desorbitados.
—Margaret—, un grito agudo apagó cualquier otro ruido de los alrededores.
Al ver esta mirada tan aterrada de su víctima y al escuchar el alarido en sus espaldas sintió como su nuca se erizaba y se giró rápidamente con el cuchillo en guardia.
—¿Helena?— no hubo siseo, solo desconcierto. dudó por un minuto pero
arremetió contra su nuevo objetivo.
—Margaret corre—, dijo mientras esquivaba la primera embestida. —La caja, gritó señalando la mesita de roble.
El atacante volvió a levantar el cuchillo, pareció dudar de a quien atacar pero era obvio, la que no tenía la caja era presa fácil, así que se abalanzó contra la mujer, ella los esquivó con un movimiento rápido de un giro y agachándose paso de él y se puso delante de la hermana pequeña, con los brazos y las manos abiertas como queriendo protegerla, sin pensarlo el se abalanzó por tercera vez esta vez con un grito desgarrador de odio, furia e impotencia.
Ella giró sobre la cama dejando al descubierto a la jovén que sostenía en alto el cofre, los diamantes brillaron y él, que venía a toda velocidad no pudo detenerse, tropezó contra las piernas aún extendidas de la hermana mayor y pasó por encima de la pequeña que se había agachado con la caja en su cabeza, un bola adorable, a sus ojos pareció volver a ser su pequeña hermana, asustada como siempre, él fue a dar a la ventana, tropezó con la biblioteca y tambaleando se deslizó al patio y cayó con el cuchillo aún empuñado fuertemente en su mano, pero esta vez atravesando el corazón con el impacto contra el suelo, causando una muerte ipso facto.
A medianoche, llegó al camposanto provisto de picos y palas. Después de cavar durante dos horas, el ataúd quedó a la vista. Cuando descerrajó la tapa descubrió que el cadáver había desaparecido.
El tío Lou tenía razón, las herederas habían cambiado algo en el viento del destino el día de la muerte de sus padres, y conociendo a su hermano el tío Lou sospechaba que alguna estratagema les habría dejado lista por si algo como así ocurriera, la muerte de los padres fue fortuita pero la muerte de la hija menor fue muy sospechosa, la niña en el féretro parecía dormida en lugar de muerta el día del entierro pero que el ataúd está vacío lo confirma, algo hicieron y después de tanto tiempo nadie lo ha podido comprobar hasta ahora.
>Debo llegar al fondo de esto, se dijo a sí mismo mientras empezaba de nuevo a lanzar la tierra de manera despreocupada sobre el lugar del entierro. La ropa empantanada y las herramientas lo delataría si llegaba a la propiedad por el camino del cementerio haciendo que la gente viniera al otro día sin darle tiempo de dejar la tumba como la había encontrado, así se acercó por los jardines del oriente que dan a la parte trasera del granero. allí se sacó la ropa y dejó las herramientas en la mañana vendría por ellos, el frío lo estremeció, además de estar desnudo a media noche, sudado y cansado el frío también le dijo que algo malo estaba pasando.
Ya acostado en su camastro se quedó pensando, ¿porque el tío Lou esperó tanto tiempo para desvelar este secreto? o ¿será que ya alguien más lo sabía? El más cercano en toda la familia era el primo Snake, había ido a la fiesta de cumpleaños, fue una gran fiesta pero es muy raro que no haya vuelto aún.
>Dejaré de darle vueltas al asunto, nada me quitará el sueño,< Dijo con un suspiro, >mañana llegaré aún más profundo y desvelaré el secreto de las herederas.
El sudor frío en una cama calurosa lo despertó tiritando de un frío espectral, no tenía sentido temblar de frío en una noche veraniega, mientras la niebla del sueño aún empañaba su visión, creyó escuchar un siseo, pensó que era un serpiente que por esa época eran tan comunes, pero luego lo volvió a escuchar y esta vez de forma nítida, es el primo Snake, su mente reaccionó un escalofrío y todo rastro de sueño desapareció en un instante de sus ojos, el primo Snake pobre nació con esa condición de lengua bífida pero es fácil reconocerlo.
Al salir de la casa de trabajo encontró al tío Lou sentado en frente mirando las estrellas,
— Tio Lou—,un saludo con algo de sorpresa, se repuso y dijo. —lo confirmé.
—Lo sé—, respondió el viejo
—Snake no ha vuelto
—También lo sé—, dijo sin mirarlo, —y de alguna forma vino a despertarnos—, se giró y lo miró con esos ojos grises que todo lo saben, —¿verdad?
—Así es—, dijo con un suspiro, —Creo que mejor voy a esa casa a ver qué sucedió con el primo, espérame aquí.
—Voy contigo— dijo el viejo que no parecía que pudiera caminar.
Contra todo pronóstico el viejo Lou le siguió el paso a su joven pupilo y llegaron antes de lo previsto a la gran casa, rodearon juntos con un sentimiento
tenebroso entre un silencio espeso y una madrugada que ya apuntaba al día sin encontrar nada fuera de lo común, nada que indicará lo que había sucedido la noche anterior, viendo la ventana que daba a la habitación de la joven heredera sin sospechar que hasta hace poco había estado abierta, en el suelo que pisaban no había siquiera señal visible de que el primo Snake se hubiese desangrado frente a ese balcón.
Atravesaron la puerta principal sin resistencia, un aire gélido pareció salir huyendo como si hubiese estado atrapado por mucho tiempo dentro de esa casa.
La casa estaba vacía, no había señales de que alguna vez fue habitada, ninguna de sus pertenencias estaban, las cómodas y vitrinas que tantas cosas lujosas guardaron; yacían vacías, las camas estaban todas ordenadas, no había rastro de ninguna fiesta y el gran salón estaba impecable, ni una señal del gran banquete del que tanto se hablaba, solo una mesa pequeña en una esquina oscura de la cual parecía provenir el destello de muchos colores. El viejo hizo señas al joven para que se acercaran.
Al estar más cerca, la luz de la luna aclaró el rincón y sobre la mesa se veía una fuente de chocolate aún encendida en la cual el joven metió el dedo para llevárselo a la boca, el viejo lo detuvo haciendo que el chocolate líquido cayera a grandes gotas sobre el suelo impecable. Aun sosteniendo la mano del joven, el viejo intentó abrir la caja con la otra mano pero era imposible. soltó al joven y con ambas manos el viejo abrió una caja que solo debía girar a un lado, en su interior una nota que ponía:
GRACIAS TIO LOU
El joven se llevó el dedo a la boca y saboreo el mejor chocolate líquido que jamás había probado.

