Cuando hace dos años y medio nos embarcamos en la creación de la que, probablemente, sería la primera editorial transmedia de nuestro país éramos conscientes de que constituiría un desafío. Apasionante y muy motivador, eso sí, pero sabíamos que durante el recorrido se presentarían dificultades, considerando que el término transmedia no es de uso frecuente en el mundo de la creación literaria, aunque sí se han desarrollado proyectos audiovisuales y videojuegos de carácter transmedia. 

Quizá te preguntes cómo nos planteamos la edición de libros desde una perspectiva transmedia. En primer lugar, aclaremos el término partiendo del concepto de edición tradicional. 

Imaginemos una novela. El autor nos relata una historia con la intención de comunicar un mensaje. Esa historia se publica en formato físico o digital, es indiferente. Cuando llegamos a la última página del libro el relato concluye. El lector puede continuar debatiendo sobre lo que el escritor ha querido transmitir a través del desenlace. Puede reflexionar sobre los personajes y sobre los entornos que habitaron; sobre sus motivaciones, más o menos aparentes, etcétera. Pero existe un límite: cuando finaliza la historia, finaliza la experiencia. Una experiencia que, libro tras libro, reviste un carácter similar.

La experiencia transmedia implica que, a partir de, por ejemplo, una novela, la historia se difunde, amplifica y expande, enriqueciendo el libro (editado en forma tradicional, ya sea en formato digital o en papel) con información complementaria que el lector recibe a través de distintos canales y en formatos diversos. Esta información nos muestra facetas desconocidas de los personajes, detalles relevantes concernientes a los espacios que habitan, información sobre el tema que se trata, curiosidades, entresijos de la trama, etcétera.

Toda esta información complementaria actúa como motor de la expansión, enriqueciendo de forma considerable la experiencia de lectura primigenia. El lector recibe los datos a través de distintos canales: blog, web, redes (X, Facebook, Instagram, Tik-tok, etcétera). Incluso, en la página escrita, encontraremos enlaces que nos conducirán a distintos universos de la historia. 

El término transmedia requiere, justamente, de esto: de que la información se transmita a través de diferentes canales y de que la interacción entre los lectores, los personajes y el autor contribuya a generar nueva información, así que la historia puede verse modificada en los aspectos que tienen que ver con su expansión gracias a las aportaciones de los lectores. 

Como he comentado, las historias enriquecidas llegarán al lector en distintos formatos: audio, video, imagen, texto, actividades interactivas, etcétera. Y, así, la edición deja de ser estática para convertirse en una actividad dinámica. La lectura transmedia posibilita vivir la literatura explorando las posibilidades que, en este sentido, ofrecen Internet y las redes sociales.

Este no sería un proyecto interesante si nos conformáramos con un desarrollo anecdótico. La expansión transmedia permite satisfacer el deseo de saber más que todo lector experimenta cuando afronta la lectura de una nueva obra. Ese deseo de saber es multidimensional. Eso significa que es lúdico, cultural, psicológico, social… y un largo etcétera. Esta multidimensionalidad nos guía a la hora de planificar de forma cuidadosa y profunda la expansión transmedia de cada obra, en función de lo que aporta o puede llegar a aportar. Y es así como ramificamos, amplificamos y redimensionamos la experiencia de lectura que la edición tradicional nos ofrece. 

¡Qué te parece! ¿Damos, juntos, un paso hacia delante?

¡Te esperamos!