Últimamente, me siento como mi perro cuando vamos camino del veterinario. Él trota a mi lado, feliz, hasta que se da cuenta del lugar donde vamos. Delante de la puerta frena en seco y echa las orejas hacia atrás…
Pues lo mismo me ocurre últimamente. He ido cumpliendo años, como todos, hasta llegar a los 57. En mayo cumpliré 58 y, de pronto, he sentido pánico. Como si al llegar a los 60 hubiera una especie de barrera que temiera atravesar.
¡Me rebelo ante ese tipo de miedos!, aunque os confieso que me produce respeto acercarme a eso que llaman la tercera edad, yo, que me siento tan joven, casi una chiquilla, interiormente hablando. Tengo tantas cosas por hacer… y, de pronto, soy consciente de que cada vez me queda menos tiempo.
¿Vosotras, vosotros, sentís lo mismo? ¿Habéis encontrado el modo de exorcizar esta sensación tan desagradable? ¡Socorro!
María Luisa
